miércoles, 30 de octubre de 2013

Resolución de Conflictos en el Segundo Ciclo.

Una de las cuestiones que más me preocupa y que más me afecta como maestro de Educación Física es la evidente falta de estrategias que tienen los niños y las niñas para resolver sus conflictos de forma pacífica. Así como la forma que tienen de hablarse entre ellos/as.
En su día a día, los niños y niñas tienen realmente pocas oportunidades para hacer frente a situaciones conflictivas de forma autónoma, y menos aún con el papel que estamos asumiendo los adultos, permanentemente presente en sus vidas, sin permitirles tiempos ni espacios para ser ellos mismos, sin respetar realmente sus necesidades y procesos vitales e imponiendo siempre nuestro modelo de cómo deben ser las cosas, cómo y cuándo deben hacerlas ellos. Por una parte, les decimos cómo tienen que comportarse, pero por otra, les damos un ejemplo bien distinto, olvidando que los niños representan e imitan aquellas situaciones que ven, que viven y experimentan (los niños violentos, suelen ser agredidos; los niños mentirosos, suelen ser mentidos; los niños respetuosos, suelen ser respetados...). El resultado, es una generación cada vez más amplia de niños y niñas con una evidente falta de autonomía en muchos aspectos de la vida cotidiana, que al trasladarse al ámbito social se traduce en el problema del que estamos hablando.

Tanto por las familias como por los propios docentes, además de no propiciar las relaciones sociales saludablemente, se está transmitiendo a los niños y niñas un mensaje que da poco pie al desarrollo de las habilidades sociales. ¿Quien no ha dicho a su hijo/a o alumno/a la típica frase "cuando alguien te moleste, vas al maestro/a"?. No hay que ser demasiado observador para comprobar cómo los adultos hablan a los niños/as, con una evidente falta de respeto y de confianza, como si fuesen personas de segunda clase, como si no merecieran el mismo respeto por ser más pequeños/as, eso sin dejar de lado a la avalancha de mensajes contradictorios procedentes de la "omnipresente y todopoderosa" televisión, donde se están transmitiendo como "normales" una forma de comunicación totalmente desvirtuada y carente de respeto hacia las personas, o el uso indiscriminado de videojuegos, dibujos animados o películas violentos.

Lógicamente, estoy de acuerdo con este principio de acudir al maestro/a cuando se dan situaciones que no pueden resolver solos como agresiones, insultos graves, abusos, ridiculizaciones o amenazas, pero estas situaciones serían minoritarias si hubiera una gestión más o menos correcta de sus desencuentros cotidianos, lo cual lejos de suceder, está cada día más viciado. Al preguntarle a un niño qué haría si otro lo insulta, la respuesta políticamente correcta es "ir al maestro", pero una vez puestos en situación, la enorme mayoría está de acuerdo en devolverle el insulto. Sin embargo, todos están de acuerdo en que así no se soluciona el problema.
En estas condiciones de relación interpersonal, lo que está sucediendo es que los niños y niñas acuden al maestro PARA TODO. Desde un soplido , hasta un problema de otro/a que para nada les incumbe, pasando por innumerables quejas del tipo..."Manolito no me deja". Os sorprendería el número y el tipo de quejas que recibo cada día. En no pocas ocasiones me veo desbordado, durante una clase de Educación Física, porque se acumulan los conflictos a resolver. 

Usando estrategias que les devuelva la posibilidad de solucionar sus diferencias, normalmente los propios niños y niñas encuentran la raíz del problema así como la solución, pero claro, hay que darles la oportunidad. Muchas veces sólo hay que escucharles sin enjuiciarlos y sin interferir, sencillamente propiciando el entorno para que dialoguen entre sí de forma respetuosa.
Por esta razón, estamos trabajando en las clases de Educación Física algunas estrategias para que ellos puedan ir directamente a estas técnicas sin tener que pasar previamente por el maestro. Estamos intentando descubrir la manera de resolver nuestros conflictos de forma autónoma y respetuosa con los demás. Esto implica una comunicación directa entre ellos/as en unas condiciones de respeto mutuo.

Es un reto que se me antoja difícil, pues el mensaje está grabado a fuego y es una técnica que no  experimentan en su día a día. Además, está la dificultad que tienen los menores de este tiempo para expresarse entre ellos, lógicamente, por falta de costumbre, acompañado de una facilidad tremenda para insultarse, golpearse, ridiculizarse y un largo etc, ¿alguien sospecha de donde viene eso?. No hay más que pararse en la puerta del colegio o sentarse un ratito en un parque para ver cómo los adultos utilizan el mismo lenguaje de gritos, faltas de respeto, mentiras o ridiculizaciones, tanto con los pequeños/as como con otros adultos, en su forma de lenguaje habitual.

Me gustaría invitar a madres y padres a reflexionar sobre este asunto, pues es de vital importancia
para el correcto desarrollo de nuestros niños y niñas y de la sociedad en general, que también en este sentido está en crisis.

Para quien esté interesado en el tema y quiera mejorar las relaciones con los niños y niñas, recomiendo un libro estupendo de Adele Faber y Elaine Mazlish titulado "Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y  escuchar para que sus hijos hablen". Es un libro muy práctico y de un valor educativo tremendo, válido tanto para madres y padres como para profesionales de la educación. La parte práctica de un método que se explica más teóricamente en un libro previo llamado "Padres liberados, hijos liberados".

Os dejo un vídeo muy ilustrativo.

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